
Tarde descrubrí la fama continental y el respeto profesional del que gozaba el periodista Emilio Laferranderie, El Veco, en América del Sur. Solo oyéndolo a diario mientras manejaba a casa me enteraba de que el uruguayo afincado en el Perú desde 1982 y que cada noche se aparecía con una bolsa de galletas para engreir a los compañeros, era una de las pocas celebridades que quedan en el periodismo deportivo, era de esa estirpe de grandes plumas que ya son cosa rara lamentablemente.