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Hoy es desde Connecticut para todo el mundo.

La Silla Vacía

Thursday, 18 February 2010 21:24 Armando Canchanya
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Tarde descrubrí la fama continental y el respeto profesional del que gozaba el periodista Emilio Laferranderie, El Veco, en América del Sur. Solo oyéndolo a diario mientras manejaba a casa me enteraba de que el uruguayo afincado en el Perú desde 1982 y que cada noche se aparecía  con una bolsa de galletas para engreir a los compañeros, era una de las pocas celebridades que quedan en el periodismo deportivo, era de esa estirpe de grandes plumas que ya son cosa rara lamentablemente.

Compartimos casi tres años la cabina principal de RPP y me tocaba dejarle la posta al terminar el noticiero. A las ocho de la noche entrabal con “El Show del Veco”, un programa diseñado por él mismo con entrevistas, datos novedosos y una inflatable seccion de “chistes” (inventados por él la mayoría) que iba escuchando camino a casa. Trataba con gran respeto a sus entrevistados y no le gustaba la fácil polémica barata y el apasionamiento exagerado como muchos entienden hoy el periodismo deportivo. Era común el desfile en su programa de los más reconocidos periodistas del continente, para quienes el Veco era una especie de ídolo de juventud y de siempre. Carcuro, Barraza, V. H. Morales, Veliz, Cherquis Vialo, Menotti, Cappa, sin olvidar a viejas glorias del fútbol platense.  Fernando Tornello, el gran comentarista de automovilismo argentino contó una vez en su programa que de chico vivía pendiente de la aparición de El Gráfico para leer a su ídolo; Victor Hugo Morales, a quien El Veco no se cansaba de calificar como el mejor narrador de fútbol, nunca dejó de mencionar el honor que representaba ser entrevistado en su programa. Don Emilio, como le llamaba, a sus 78 años había completado una carrera brillantísima en la prensa argentina y uruguaya y llegó a convertirse en una estrella de su época, como pueden serlo ahora las estrellas de la televisión, con la diferencia que las imágenes las creaba en su vieja Ollivetti y su imaginación. En los años sesenta era pluma principal de la revista El Grafico, aquella publicación de culto para millones de personas en America, la biblia de los amantes del fútbol.
Verlo cada noche llegar con el libreto escrito de cada cosa que iba a decir en su programa era una clase diaria de compromiso con el trabajo. Iba por las mañanas a grabar secuencias por adelantado por la diferencia horaria con otros países era una clase del respeto que tenía por la profesion que amaba tanto. Lo obsesionaba el uso correcto del lenguaje, de la palabra precisa, la frase ingeniosa y la metáfora perfecta.
Ya no lo oiremos decir su clásico: “ así es la vida de un pobre gaucho”, que la vida era trabajar y trabajar. Tampoco oiremos a nadie entrar a la cabina a contarnos la ultima noticia  olvidando que estabamos al aire. Mis momentos favoritos eran cuando aparecía recitando de memoría la letra de tangos que aprendió en incontables noches de bohemia, junto a las más importantes figuras del Rio de la Plata. El Veco era un apasionado del buen Tango, el de grandes figuras, uruguayas como él, como Sosa, Matos, y según dicen algunos también Gardel. Como ellos, había salido de Uruguay a conquistar Buenos Aires, a hacerse un nombre. Esta ciudad que ahora le preocupaba por la violencia que la queja es distinta de la ciudad que conoció en los sesentas y setentas y de la que había aprendido tanto. Su vida era el tango, la literatura y el periodismo.
Quedan su obsesión por cuidar el lenguaje, su alegría y el respeto por su trabajo. Trabajaba cada día como si aun tuviera algo que demostrar, como si no fuera ya uno de los grandes del periodismo deportivo. Se fue uno de los que contribuyeron a emparentar el periodismo con la literatura. Imposible asociar su muerte a la de Tomás Eloy Martinez, uno de sus favoritos. Un grande de América que deja una silla vacía en el periodismo en el Perú y América.
Armando Canchanya
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